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La dictadura tuitatorial de Donald Trump

Written by - Amando Basurto Salazar on Jueves, 12 Enero 2017. Posted in Recientes, Νομος Estados Unidos de América

La dictadura tuitatorial de Donald Trump

Hace ocho años, la cobertura de medios sobre lo que hacía o dejaba de hacer Barack Obama, presidente electo estadounidense, y su familia era enorme –posiblemente sin precedentes. Obama estaba a punto de convertirse en el “hombre más poderoso del planeta”. En aquel entonces, la gran expectativa era generada por lo extraordinario del caso: un senador negro con un discurso de “Cambio” y “Si podemos” había ganado las elecciones en noviembre y se preparaba para tomar las riendas del gobierno estadounidense en medio de una de las más escandalosas, por grave, crisis económico-financieras de la historia. Su presencia carismática y su capacidad de palabra le permitían una participación en medios, dar discursos a multitudes y ofrecer conferencias de prensa de forma exitosa.

Hoy, el presidente electo Donald Trump se queja de que la prensa en general ha sido injusta cubriendo ambos, tanto su equipo como el período de transición en general, y que algunos medios se han dedicado mentir llanamente –“fake news!” imputa. Esta acusación a los medios se desprende en buena medida de que Trump y su equipo están convencidos de que aquellos medios que apoyaron a Hillary Clinton durante su campaña ahora están tratando de desacreditar su triunfo electoral a partir de no aplicar los mismos estándares de cobertura que a Obama: a comparación de la manera tan exquisita en la que se reportaba hace ocho años sobre el presidente electo, “nosotros no recibimos nada como eso, no recibimos respeto”, acusó ayer en un tono de envidia infantil Kellyanne Conway –asesora en jefe de Donald Trump– en una entrevista con Anderson Cooper de CNN.

Al parecer por la mente de los allegados a Trump no pasa reconocer que el problema fundamental es que tras la jornada electoral de noviembre pasado el presidente electo, con su gran incapacidad de palabra y enorme divorcio de la realidad, ha decidido promulgar una dictadura tuitatorial de facto, y por eso Trump no había dado una sola conferencia de prensa hasta el día de ayer. No comprenden por qué la elección presidencial de Trump no está siendo reconocida como un hito en la historia estadounidense al igual que fue aquella del primer afroamericano. Tampoco entienden que las condiciones son objetivamente distintas: no es sólo que la economía estadounidense hoy muestra claros signos de recuperación y crecimiento y que, a pesar de todos los errores y promesas incumplidas por la administración Obama, el presidente saliente es mucho más popular h que el presidente entrante. Mucho menos reconocen que el señor Donald Trump ha sido electo con un déficit de 2.8 millones de votos con respecto al “voto popular” obtenido por Hillary Clinton; es decir, electo simple y llanamente a pesar de la voluntad popular. Nada de esto parece explicar para ellos la cobertura actual de la prensa; todo se reduce a un boicot mediático profundamente “injusto” e “irrespetuoso”.

En sus entrevistas y declaraciones, Donald Trump hace gala del carácter proto-dictatorial de su forma de ser y actuar: no reconoce fuente ni medio confiable ni verídico más que él y no reconoce nada ni nadie capaz de gobernar efectivamente a los Estados Unidos de América sino a él mismo. Hay que insistir en la palabra dictatorial ya que Trump supone que tiene, merece y necesita poderes extraordinarios para gobernar (me parece que este poder extraordinario será una de las primeras cosas que le exija al Congreso tras tomar el cargo el próximo día 20). No es cabal de ninguna forma llamar hoy a Donald Trump un político “totalitario” como lo hizo Rafael Pérez Gay en su columna de ayer, haciendo uso de una breve cita de Los Orígenes del Totalitarismo de Hannah Arendt. Me parece importante señalar las diferencias. El totalitarismo, según Arendt, fue una nueva forma de organización gubernamental apolítica que se deriva de dos elementos centrales: 1) la complacencia y complicidad de una sociedad de masas y 2) la toma del poder político por parte de la burguesía y el uso del aparato estatal para la valoración mundial del capital tras la caducidad del espacio nacional. Es decir, el imperialismo como una fase superior de la "socialización del hombre" es condición central del totalitarismo como movimiento y como gobierno. El discurso propagandístico de Trump es, al contrario, expresión de la re-nacionalización del proceso de socialización masiva. Como una expresión más de neo-nacionalismo en el mundo (al haberse demostrado la incapacidad del capital de crear una "sociedad mundial"), la elección de Donald Trump corre en sentido opuesto al presentado por Arendt. Es cierto que hay elementos totalitarios en la forma en que Trump hace uso del discurso y propaganda. Arendt escribe que ninguno de los dos totalitarismos contemporáneos (Nazi y Soviético) inventaron "una ideología que no fuese ya popular" y cita a Heiden escribiendo que la propaganda no es "el arte de infundir una opinión en las masas. Realmente, es el arte de recibir una opinión de las masas". Esta manera de recibir la opinión desde las masas es reflejada en la campaña basada en el aplauso de la multitud más que en posicionamientos políticos y económicos coherentes de parte de Donald Trump.

Por el momento Trump parece ejercer ferozmente su versión tituocrática de dictadura y lleva más de un mes haciendo sentir su presencia en los medios sociales. ¿Será que el reinado y la sustitución de la realidad por los medios sociales es la nueva fase de "socialización" masificada del hombre?

About the Author

- Amando Basurto Salazar

Doctor en Política por la New School for Social Research y Maestro en Estudios en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional Autónoma de México. Actualmente realiza una estancia postdoctoral de investigación en el Posgrado de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM

@amandobasurto

 

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